Llegamos a Praga, capital de la ex República Checa (hace poco la rebautizaron como Chequia). Una ciudad romántica como pocas, tal vez con un poco de turistas de más.

Caímos de noche a la terminal de bondis, teníamos la dirección de Airbnb pero al llegar vimos que era un edificio y el dueño no nos había dicho el piso. Empezamos a tocar los timbres uno por uno y la gente salía por la ventana a putearnos. Empezamos a caminar por ahí buscando un wifi del cual colgarnos. Por suerte encontramos un hotel que nos presto su contraseña y pudimos comunicarnos con nuestro anfitrión.

Airbnb ha crecido mucho en los últimos años. En varios países es un problema ya que la gente que alquila no paga impuestos por los ingresos que recibe. Muchos hoteles y hostels se quejan porque pierden clientes, por lo cual habrá que ver que termina pasando con este modelo de negocios. Pero la verdad es que es un servicio genial, nosotros lo usamos en varias ciudades porque era incluso más barato que cuartos de 10 camas en hostels. Además permite conocer un poco más como es la vida de la gente de esa ciudad, aunque varias veces nos encontramos que varias inmobiliarias están utilizando Airbnb para alquilar departamentos y evitar el pago de impuestos.

Charlando con Richard, nuestro anfitrión, nos dijo que si nos cruzábamos con algún vecino digamos que éramos sus amigos porque a varios no les gustaba que cualquiera tuviera acceso al edificio (menos mal que no le dijimos que ya habíamos tocado todos los timbres).

Arrancamos nuestro recorrido por el casco histórico. Llegamos a la Plaza de la Ciudad Vieja y nos sentimos como en un cuento de hadas. Allí se encuentran algunas de las principales atracciones de Praga como la Catedral de San Nicolás, el Ayuntamiento viejo, la Iglesia de Nuestra Señora del Tyn y el Reloj Astronómico.

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El reloj astronómico es el reloj medieval más famoso del mundo y cada vez que marca la hora en punto hay un desfile de los 12 apóstoles. Además hay otras cuatro figuras, el Turco, la Avaricia, la Vanidad y la Muerte (esta última está representada por un esqueleto y es la que da inicio al desfile).

La única contra es que a veces todo este encanto se veía ligeramente opacado por la enorme cantidad de turistas que se encontraban allí. Escapando de la multitud, continuamos camino hacia Josefov, el barrio judío de Praga. Aquí se encontraban el cementerio y seis sinagogas, cada una a pocas cuadras de la otra.

Como la mayoría de las ciudades atravesadas por ríos, arroyos o canales, Praga también tiene atractivos puentes que la cruzan por doquier. Entre los más llamativos se encuentra el Puente de San Carlos, el más viejo de Praga. Además de proveer unas vistas admirables del río Moldava tiene 30 estatuas que representan a distintos santos y varios artistas callejeros exponiendo sus obras a lo largo de su estructura.

Cruzamos este magnífico puente y llegamos a Malá Strana, un distrito fundado en 1257 y que las guerras prácticamente no afectaron. Es por ello que los palacios y casas antiguas se encuentran iguales hace cientos de años y en perfecto estado de conservación.

Deambulando sin dirección específica entre estas fantásticas callecitas llegamos al muro de John Lennon. Este muro surgió en 1980 después del asesinato del artista, cuando aparecieron en el mismo pintadas con su rostro y frases pacifistas. Las autoridades comunistas inmediatamente las borraron pero al día siguiente las pintadas aparecieron otra vez. Esto pasaba cada vez que las borraban y ni la instalación de cámaras pudo detener esta protesta pacífica contra las autoridades. Hoy en día simboliza la libertad de expresión y cualquiera puede pintar el mensaje que desee. Esto implica que nunca veremos exactamente el mismo muro cada vez que lo visitemos.

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Cerca del muro se encuentra el Castillo de Praga, visita obligada. Para llegar al mismo hay que subir una escalera eterna, pero al llegar al final nos regala una vista privilegiada de la ciudad.

 

Dentro del castillo se encuentran la impresionante Iglesia de San Vito, la torre de la Pólvora, el callejón de oro donde se encuentra la casa natal de Franz Kafka (la número 22) y el antiguo Palacio Real entre otros.

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Cansados y con hambre, decidimos irnos de picnic al parque Chotkovy sady.

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Desde aquí nos dirigimos al Palacio Wallenstein, que es parte de la sede del Senado checo. Entre las cosas que más nos gustaron de este palacio se encontraban sus jardines con fuentes y estanques con peces de colores, pavos reales caminando a sus anchas por ahí y una peculiar pared artificial con estalactitas y con diferentes símbolos de animales.

No todo son edificios clásicos en Praga. Nos encontramos con la casa danzante, un moderno edificio que llama la atención al pasar por ahí ya que se encuentra rodeado de edificios barrocos, lo que lo hace resaltar más todavía. También vimos una cabeza gigante que no para de moverse. Cuarenta y dos bloques metálicos que giran independientemente en todas direcciones forman la cabeza de Franz Kafka cuando se alinean correctamente.

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Praga tiene muy buenas cervezas y movida nocturna por lo cual decidimos conocer esta otra cara de la ciudad. Una noche fuimos a tomar algo a la parte más turística, aunque también salen varios checos por ahí. En uno de los bares nos cruzamos con un grupo de chicas que estaban de despedida de solteras y de quienes Vicky se termino haciendo amiga y compartiendo unos tragos.

Pero quizás uno de los encuentros más lindos que tuvimos en Praga fue con Natalie y Alena, dos checas que habíamos conocido en Sapa y que nos mostraron y contaron un poco de su ciudad.  Con ellas visitamos varios bares más locales donde probamos distintas pero espectaculares cervezas. Entre charla y charla nos contaron que hacía poco había sido promulgada una ley que obligaba a que la cerveza no sea la bebida más barata del menú y que el trdelnik (una masa de harina enrollada en un palito de madera y asado a las brasas) que se vende y promociona como algo típico de la ciudad es en realidad un invento turístico de hace unos años. A ambas les gustaba viajar, pero creían que Praga era una ciudad increíble y el mejor lugar para vivir.

En el último bar nos hicieron probar absenta, una bebida con una graduación alcohólica de 90%. Según el barman, toda la movida de calentar el azúcar en una cucharita era un invento turístico y que en realidad se rebajaba con agua al gusto del consumidor. Tan fuerte que a los dos tragos ya estábamos en pedo.

Esta ciudad nos encanto, nos regalo vistas increíbles y caminatas inolvidables. A pesar de ser un lugar superpoblado de turistas no deja de ser un lugar encantador.

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