Si te gustan los museos, la arquitectura (clásica y moderna), los grandes edificios y la Ópera, esta ciudad es ideal para vos. Por otro lado, las cosas cierran relativamente temprano y no vas a encontrar muchas posibilidades de joda ni nada que se salga mucho de la norma. No era precisamente el estilo que más nos gustaba, pero no por eso íbamos a quedarnos sentados, asique salimos a recorrerla. Ambos coincidimos en que tal vez la hubiésemos apreciado más de haberla visitado en otro momento de nuestras vidas (¿más viejos?), pero no por ello se ve disminuida la belleza de esta ciudad.

Dentro de los edificios emblemáticos para conocer se encuentran la Catedral de San Esteban, el Ayuntamiento y la Biblioteca Nacional. Varios de los edificios donde se encuentran los museos también son impresionantes. En realidad, caminando por casi cualquier parte de Viena uno se asombra con cualquier edificio por su magnificencia.

Hablando de museos, entre los más conocidos se encuentran el Albertina, el Museo de Historia del Arte, el Museo de Historia Natural y el Museum Quartier, donde hay varios museos juntos. Nobleza obliga, nosotros solo entramos a un par de ellos, pero dejamos la lista por si a alguno le sirve.

Algo que habíamos leído que había que visitar era el reloj Anker de Viena. A principio del 1900 Derk Anker, dueño de una empresa de seguros, había comprado dos edificios contiguos. Decidió unirlos con un puente que se construyo entre 1911 y 1917 y allí mismo instalo este particular reloj. A cada hora aparece una figura histórica sobre el puente y a las 12 del mediodía desfilan las 12 figuras juntas al compás de música clásica vienesa. Una pequeña multitud se aglomera en la plaza Hoher Markt para presenciar dicho espectáculo. Nosotros llegamos un rato antes para conseguir un buen lugar, y la verdad que nos pareció un desperdicio de tiempo. Las figuras avanzan una a una lentamente a lo largo del puente, sin ningún atractivo particular. Si están por las cercanías pasen a verlo, pero no recomendaríamos que hagan un esfuerzo por visitarlo si les complica la logística.

Un clásico de clásicos de esta ciudad, y del mundo podríamos decir, es la Ópera de Viena. Hay diferentes formas de conocerla; se puede acceder a un tour de la misma durante el día o ir a un espectáculo de Ópera propiamente dicho. Es un espectáculo caro, pero según lo que averiguamos hay una opción muy económica. Para ello, deben acercarse a la Ópera alrededor de dos horas antes de la función en la sección izquierda del edificio. Es por orden de llegada, pero una vez adentro podes dejar una bufanda, un pañuelo o algo por el estilo para reservar tu lugar y recorrer el lugar tranquilamente hasta que empiece la función. Esta entrada cuesta alrededor de unos cuatro euros y es para presenciarla parado, pero por un módico precio se puede apreciar un espectáculo de los más clásicos. Tengan en cuenta que en Julio y Agosto no hay temporada de Ópera, asique solo podrán acceder a través de las visitas guiadas durante el día.

Dentro de lo más espectacular de Viena se encuentran los palacios y más específicamente sus jardines. No pueden perderse el Palacio de Schonbrun, el Palacio Belvedere y el Palacio Imperial de Hofburg. Otro parque increíble, aunque este no tiene un palacio, es el Volksgarten. Lo que no nos termino de cerrar del todo es que muchos de estos jardines están muy prolijos y coloridos, pero uno no puede disfrutarlos completamente. Solo pueden verse, pero no tocarse. En la gran mayoría no está permitido pisar el pasto y mucho menos acostarse en esas alfombras de vegetación verde.

En busca de algo menos clásico, llegamos a Hundertwasserhaus. Este edificio, creado con el fin de construir viviendas sociales en 1977, no se rige bajo los principios clásicos de la arquitectura. Combina fachadas y pisos ondulantes, aberturas irregulares, miles de colores y abundante vegetación. Hundertwasser creía que la miseria humana era el resultado de una arquitectura monótona, estéril y repetitiva y a través de su obra promovió una ideología en armonía con la naturaleza y con un fuerte compromiso ideológico.

Si te aburriste de todo esto, siempre podes acercarte al Prater. Este antiguo coto de caza se transformo en un parque de diversiones en 1895. La vuelta al mundo es uno de los emblemas de la ciudad desde que se inauguro en 1897. La entrada es gratis y se pueden recorrer sus callecitas llenas de juegos antiguos y pintorescos lugares para comer y tomar algo.

Para nuestra fortuna, en la época que llegamos se estaba llevando a cabo un festival de cine frente al ayuntamiento. Todos los días había un espectáculo diferente en una pantalla gigante y en los alrededores se levantaban varios puestitos de comida y bebidas, asique se armaba una movida interesante. Nosotros ligamos un recital de Iggy Pop y junto a cientos de vieneses disfrutamos de esta gran música acompañada de heladas cervezas.

Por lo que nos contaron, Viena se encuentra entre las mejores ciudades del mundo para vivir. No es tan cara como otras metrópolis como Londres o New York pero todo funciona a la perfección y el transporte público conecta toda la ciudad. Nosotros no lo aprovechamos tanto ya que preferíamos caminar, tan es así que un día terminamos caminando 29 kilómetros.

rioviena

A pesar que la visita a esta ciudad fue más una decisión estratégica para acortar el viaje a Praga y porque quedaba de pasada, Viena nos regalo su increíble belleza a través de sus parques y edificios.

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