Tanzania es un país que nació en 1964 cuando se unieron Tanganica y la isla de Zanzíbar. De la unión de ambos nombres surgió Tanzania. Nuestro destino inicial era justamente la isla de Zanzíbar. Después sacar la visa al llegar al aeropuerto, nos tomamos un ferry que nos dejo en la isla para subirnos a un minibús que nos deposito en Paje. Ya habíamos visto varias playas increíbles en Indonesia, Filipinas y Tailandia pero estas playas también nos dejaron sin palabras. Un agua turquesa que parecía mentira y una amplia playa con una arena blanca como papel.

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Era un lugar en medio de la nada, con un par de restaurantes y cabañas desperdigadas por ahí. Nuestra cabaña podríamos decir que era rustica y estaríamos siendo generosos. Paredes de caña y techo de paja aunque con piso de cemento que era una de las ultimas mejoras. Apenas entramos, nos encontramos caminando entre el techo y la pared con una enorme rata. Vicky venia atrás y no llego a ver bien que era. Cuando preguntó, Max rápidamente contesto que era una ardilla para dejarla tranquila. Tras un momento donde pareció sopesar dicha opción, dedujo que era mentira. Pero ni siquiera una rata mutante, a la cual escucharíamos caminar durante toda nuestra estadía, opacaba el lugar donde estábamos, con la cabaña en plena playa y a escasos metros del mar.

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Fueron días increíbles de playa y mar todo el día y joda de noche. Durante el día nos visitaban los masai, una tribu semi-nomade. Originalmente vivían del pastoreo y veían a los leones como sus más grandes enemigos. Por ello es que tradicionalmente el paso de la infancia a la adultez se conseguía abandonando la aldea y no volviendo hasta haber matado un león con sus propias manos. Debido a la influencia exterior es cada vez más difícil para ellos seguir viviendo como antaño. Fueron primero expulsados de sus tierras en Kenia por los británicos para que se instalen los colonos y en Tanzania para crear reservas de caza y parques nacionales. Esto fue llevando a que se tengan que adaptar forzosamente a otro tipo de vida. Los masai que nos visitaban en la playa eran más modernos y a su típico atuendo le agregaban unos lentes de sol negro con coloridas armaduras. Ya no vivían de la cría del ganado sino de la venta de artesanías.

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En este lugar había una ya famosa fiesta todos los viernes a la cual venia gente de toda la isla. Hasta los masai se sumaban a la joda, enseñando sus propios pasos de baile y copiando otros, en búsqueda de levantar alguna turista abierta a sus desconocidos y exóticos encantos.

El último día en Zanzíbar fuimos a un pueblo cercano. Aquí acompañaríamos a unos niños y almorzaríamos con ellos al salir del colegio. Al principio se armo partido de futbol once contra un combinado del pueblo. Bajo un sol asesino, corrieron durante dos tiempos de 30 minutos. Y decimos corrieron porque fue un ida y vuelta fulminante. El equipo local jugo como un típico equipo africano, moviendo bien la pelota y corriendo mucho, pero con pocas ideas al pasar tres cuartos de cancha. Después de una agotadora y calurosa hora llego el final del partido con el marcador 1 a 1, como para mantener el invicto. Terminamos sacándonos fotos entre todos otra vez y después fuimos hacia la zona donde se serviría el almuerzo. En varias lonas bajo los árboles nos sentamos junto a los chicos. Se armaron rondas de 4 a 5 chicos que compartían el plato y del cual todos comían con la mano.

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Era entrañable ver cómo a pesar de la ansiedad por comer, se respetaban y compartían el pollo, el arroz y demás equitativamente sin intentar ninguno ventajear al resto o como pasaban la coca de una botella a la otra para convidarle a algún otro chico.

Pasamos el resto del día con ellos y al momento de dejarlos nos fuimos con cierta tristeza pero con miles de abrazos, saludos y sonrisas infantiles.

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Nos tomamos un avión a Dar Es Salaam y desde ahí un bondi a Arusha, donde haríamos noche para al otro día temprano visitar el Tarangire National Park. Si el safari de Botswana nos había dejado encantados, este nos dejaría boquiabiertos. Miles de cebras, jirafas, elefantes, búfalos, impalas y varios animales más. Nos sentíamos en pleno documental de National Geographic. El hecho de haber realizado el safari en el Chobe National Park hace poco no disminuía un ápice lo copados que estábamos de ver tantos animales en su hábitat natural.

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Incluso aprendimos la razón por la cual las cebras se ponen una al lado de la otra mirando en direcciones opuestas al pastar. Es para poder vigilar el frente y la retaguardia a la misma vez ante posibles ataques de sus depredadores.

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Esa noche dormimos en una carpa en un camping cercano porque al otro día bien temprano visitaríamos el Ngorongoro National Park. Este es un parque nacional emplazado en un antiguo cráter volcánico, por lo cual los animales no salen de allí ya que funciona como un corral natural.

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Este cráter de 610 metros de profundidad y 260 kilómetros cuadrados es un lugar increíble, donde cientos de especies distintas nacen, viven y mueren por causas naturales o a manos de sus depredadores. Los hipopótamos chapoteando por ahí, los impalas pastando, los búfalos cruzándose en nuestro camino y los ñus remoloneando junto a las cebras parecían de documental. Ya sabemos que nos repetimos en esta comparación, pero era increíble estar viendo algo así a tan pocos metros.

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Más adelante vimos al majestuoso avestruz (siempre vivimos engañados con que eran parecidos a nuestros autóctonos ñandúes pero son mucho más grandes), las odiosas hienas, los simpáticos jabalíes (deben su injustificada fama a Pumba) y miles de aves.

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La frutilla del postre llego al ver los leones. Anteriormente los habíamos visto durmiendo o entre los matorrales a varios metros de distancia. Acá los teníamos a menos de dos metros, los vimos dormir, los vimos caminar, los vimos vomitar y hasta los vimos garchar.

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Fue algo inigualable, tuvimos la oportunidad de ver a los animales viviendo en su hábitat natural, realizando todas sus actividades (comer, cazar, escapar, dormir). Vivir, en resumen. Pero sin interferencias de los seres humanos que afecten su supervivencia.

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Esta fue nuestra despedida de Tanzania y de África. Fue un lugar que nos regalo una dosis increíble de naturaleza, conocer una sociedad distinta, tal vez con muchas necesidades básicas insatisfechas pero también desmitificando varios preconceptos que podíamos tener y unos días inolvidables. África es un continente enorme y muy diverso del cual solo conocimos una parte. Un poco por eso y otro poco por lo bien que la pasamos, nos quedo el bichito de volver a este continente en el futuro.

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