Nuestra idea original era ir de Israel a Turquía y después a Grecia. En Turquía habían tenido lugar un par de atentados en los últimos meses y durante nuestra estadía en Egipto hubo otro en el principal aeropuerto de Estambul, donde aterrizaría nuestro hipotético vuelo (poco tiempo después hubo un golpe de Estado pero a los pocos días el presidente Erdokan recupero su puesto). Como todavía no habíamos sacado ningún pasaje ni reservado nada, decidimos recalcular nuestros planes. Adelantamos la ida a Grecia y después iríamos a Marruecos en vez.

Tres aviones más tarde, desembarcamos en Santorini, una de las paradisiacas islas que tiene Grecia. Habíamos reservado el hostel en una de las escalas del viaje desde Israel y no nos esperábamos gran cosa, pero al llegar nos sorprendimos gratamente. Estaba cerca de la playa Perissa (que terminaría siendo la que más nos gusto de Santorini) y hasta tenia pileta. Habíamos pasado mil horas viajando con 3 aviones y 2 escalas con el fin de abaratar costos, por lo que estábamos muertos. Decidimos ir a la playa a descansar y recuperarnos. Apenas llegamos, nos sorprendió el color del agua, pero mucho más la arena. Nosotros estábamos acostumbrados a las playas de arena (mas blanca, menos blanca, pero arena al fin). Acá la arena era negra y formada de pequeñas piedritas.

Por la zona había varios barcitos que dan a la playa, con una vista espectacular de un mar cristalino como pocos. Pasamos el resto del día ahí y después del atardecer volvimos a casa.

Santorini es una isla bastante grande, más de lo que nos esperábamos. Decidimos entonces alquilar una moto por el día para poder recorrerla. Arrancamos yendo a la “Red Beach”, una pequeña playa a la cual se llega caminando a través de un camino entre las rocas. La misma debe su nombre a que está enclavada entre rocas de color rojizo y la playa toma esa misma tonalidad. Aquí tampoco había arena, sino unas pequeñas piedritas.

La playa era encantadora, el único problema es que es bastante chica y se llena fácilmente de gente. Cuando el fluir de turistas ya se nos hizo insoportable, decidimos irnos a la “White Beach”. En el camino íbamos maravillándonos con los espectaculares paisajes y parando en distintos miradores que estaban desperdigados por la ruta.

La “White Beach” debe su nombre a una gran piedra blanca que la rodea, no se debe a su arena como pensamos antes de llegar. Es más, ni siquiera tiene arena sino que es una playa de piedras.

A la tarde dimos una vuelta por Fira, la ciudad principal de Santorini. Es una ciudad muy pintoresca, con restaurantes y bares que dan al mar con increíbles vistas, un centrito muy simpático y como en toda la isla, todas casitas blancas.

Para cerrar el día, decidimos ir a ver el atardecer en Oia, una ciudad a un par de kilómetros de Fira. En esta encantadora ciudad vimos un espectacular atardecer mientras tomábamos una cervecita helada.

Al darnos vuelta para irnos, nos dimos cuenta que no habíamos sido muy originales. Miles y miles de personas mirando el atardecer, la mayoría a través de la pantalla de un celular o una cámara.

Al otro día bajamos a la cercana “Perissa Beach” donde disfrutamos las últimas horas de esta isla y nos tomamos un ferry a Mykonos.

Llegamos a Mykonos y nos tomamos un bondi hasta nuestro camping. Lo habíamos elegido porque acá estaba toda la joda, y en eso no nos defraudo porque a las cuatro de la tarde cuando llegamos ya estaba al mango y la fiesta ya estaba explotada. Asique después que nos dieron la cabaña, un cubículo de 2×2 (claramente estábamos pagando por la ubicación), nos fuimos a disfrutar la fiesta.

Acá se ve de todo lo que se puedan imaginar. Entre la joda nos encontramos un par de personajes que no nos vamos a olvidar. El famoso y exhibicionista Sasa desplegando su calzoncillo brillante con trompa de elefante como única vestimenta, un tipo de unos 70 años y con muletas que no paraba de romper la pista y encararse pendejas y gente de todo el mundo dedicándose puramente a la joda.

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Al otro día, después de disfrutar la playa nos fuimos a conocer el centro de Mykonos. Este es también muy pintoresco, tiene todas las casitas blancas con sus puertas y balcones pintados de azul, colorado o verde. Entre sus angostas callecitas de piedra se pueden encontrar varios locales y barcitos donde comer y tomar algo.

Esa noche volvimos a salir, pero esta vez habíamos conseguido fernet (después de 3 meses) en nuestra recorrida por el centro, asique la noche fue completa.

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El último día nos tomamos un ferry a Atenas donde pasaríamos dos días recorriendo esta histórica metrópolis. Visitamos la Acrópolis, donde entre otros edificios históricos se encuentra el famoso Partenón, del cual todos hemos escuchado hablar en el colegio.

Desde aquí cerca también se puede apreciar Atenas desde las alturas.

A continuación visitamos el estadio donde se jugaron los primeros Juegos Olímpicos modernos, recorrimos sus parques, presenciamos el famoso cambio de guardia frente al Parlamento y visitamos las Iglesias Ortodoxas.

Después de pasar unos días barbaros de playa, joda y un poco de cultura para compensar, nos tomamos el avión a Marruecos.

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