Aterrizamos en Bangkok, tiramos todo en el hostel y nos fuimos a Khao San Road. Esta es una calle de 6 o 7 cuadras llena de restaurantes, pubs, puestos de comida callejera y tienditas que venden desde ropa hasta tatuajes y trenzas. Acá se concentra parte de la joda de esta ciudad. Comimos en un puesto callejero un pad thai, un plato típico, y después fuimos a tomar algo y bailar en el pub donde estaba toda la joda.

Al día siguiente salimos a caminar por la ciudad. El calor era insoportable y cada tanto nos metíamos en los 7 Eleven para robar un poco de aire acondicionado y cuando nos refrescabamos seguíamos camino. Así llegamos al templo Wat Pho donde nos encontramos con un Buddha acostado gigantesco, de unos 46 metros de largo y 15 de alto completamente bañado en oro. Tan grande era (es el más grande de Tailandia) que no entraba por completo en una foto.

De ahí fuimos al Palacio Real, que se encontraba al lado. Aquí exigían ropa larga no solo a las mujeres (cosa que pasaba en varios templos) sino que también a los hombres. Max estaba de bermudas, por lo cual se puso un pareo de Vicky para lograr entrar. Esta “sutil” artimaña no surtiría efecto, ya que al momento de ingresar fue increpado por una guardia que le gritaba “you are not a lady” en alusión al pareo puesto como pollera sobre las bermudas. Ante esto, no le quedó otra opción que ponerse el pantalón de Vicky y pasarle el pareo a ella.

Después de dar un par de vueltas, por la noche decidimos ir a un pussy show, algo típico de Bangkok. Hay tres zonas rojas muy conocidas: Soi Cowboy, Nana Plaza y el mercado nocturno de Pat Pong. Nosotros nos decidimos por ir a Pat Pong. Nos ofrecieron entrar en uno por un precio bajo y que incluía una cerveza. Éramos un grupo de 15 personas y decidimos que 2 o 3 entrarán a ver si valía la pena y le avisaran al resto. El problema fue que la ansiedad le ganó a la mayoría y se mandaron de una. Nos trajeron las cervezas y arranco el show. Este consiste de diversas destrezas realizadas con las partes íntimas de la mujer. Si bien es algo típico, es un show que puede llegar a parecerle ofensivo a algunas personas. En beneficio de ellos y también de quienes decidan ir a verlo, no entraremos en detalles del mismo. El problema surgió cuando terminó el show. No solo querían cobrarnos la cerveza, sino que querían cobrarnos cuatro veces más por el show. Nos habían hecho una trampa típica culpa de que todas entraron desesperadas en vez de esperar que los 2 o 3 entrarán y arreglaran bien el precio. La cosa se puso tensa porque no pensábamos pagar semejante suma. Después de una fuerte discusión, acordamos pagar la cerveza y un pequeño extra. Dejamos este antro y volvimos a bailar a Khao San Road.

A la mañana temprano Vicky salió a correr por el Lumphini Park, un enorme y muy lindo parque en el centro de Bangkok. Tenía un lago con flamencos, aparatos donde hacer ejercicios y una gran explanada para correr.

Más tarde, Vicky se fue a recorrer algunos mercados y Max se fue a caminar por ahí y a leer al Lumphini Park. Estando allí tirado en el pasto al costado del lago, fue interpelado por un hombre que le pidió completar una encuesta sobre Bangkok. A cambio de contestar 5 hojas de preguntas, recibió el equivalente a 5 dólares. Este era el primer ingreso que generabamos desde que arranco el viaje.

Esa misma noche nos tomamos un bondi nocturno de alrededor de 12 horas hasta Surat Thani, donde nos tomamos otro bondi hasta Krabi, donde nos pasamos a una combi que nos llevó hasta el ferry que nos depositaria en las islas Phi Phi. Este extenuante viaje se vio recompensado cuando llegamos al hostel y pudimos apreciar la vista que tenía el mismo.

Acá nos dedicamos a descansar y disfrutar de paradisíacas playas. En Phi Phi Don hay un par de playas. La que más nos gustó acá era “Long Beach”, una playa alejada a la cual se podía llegar en bote o caminando a través de una arboleda. Las playas más lindas de todos modos se encuentran en islas cercanas a las cuales se accede en botes o tours que te llevan a varias de ellas en el día. Entre las que visitamos, las que más nos llamaron la atención fueron “Monkey Island” (una pequeña playa cuyo atractivo era que terminaba en un bosque lleno de monos y a los cuales había que vigilar porque sino te robaban todo) y Maya Beach, la famosa playa donde se grabó la película “La Playa” con Leonardo DiCaprio.

Además de increíbles playas, en las Phi Phi también hay bastante movida nocturna. Aparte de varios restaurantes para comer y los típicos bares, hay uno cuyo atractivo consiste en tener un ringside en el cual la gente puede anotarse para pelear Muai Tai durante tres rounds contra algún otro parroquiano del bar. La noche invariablemente terminaba en Slinky, un boliche en la playa donde la joda seguía hasta tarde, todo esto regado por los característicos baldes con distintas bebidas que se consiguen en los miles de puestos callejeros.

Algo típico para hacer es ir a los miradores desde donde se puede apreciar una vista panorámica de la isla. Para ello hay un par de miradores pagos, pero también existen algunos gratuitos. Después de varios días de disfrutar de este encantador lugar, decidimos cruzar hacia el lado Este de Tailandia, para visitar la isla Koh Samui. Para ello nos tomamos un ferry, otro bondi eterno y otro ferry más. Mientras caminábamos por un muelle en el medio de la nada para abordar el último ferry, comentábamos no sin cierta sorpresa cuan naturalmente tomábamos todos estos eternos traslados sin despeinarnos, como si fueran parte de nuestra nueva “rutina”.

Apenas desembarcamos, se nos abalanzaron mil taxistas para ofrecernos un viaje. Los precios que nos ofrecían nos parecían desorbitantes, por lo que los rechazamos a todos. El problema es que al rato se había ido todo el mundo y no teníamos como irnos. Nos encontramos con un mexicano que estaba en la misma situación y decidimos ir juntos. Mientras negociábamos un mejor precio, llegó una camioneta con caja techada que hace las veces de bondi y recorre toda la isla. Dejamos al taxista de lado y nos subimos los tres a este modo más económico para llegar al centro de Chaweng. Koh Samui es una isla grande, y a diferencia de las Phi Phi que se recorre a pie y no existen los vehículos motorizados, acá hace falta algún medio de transporte para poder recorrerla. Tiene tres pueblos principales, Chaweng, Lamai y Bo Phut.

Volviendo al bondi, estábamos sentados con el mexicano que nos contaba que estaba en Tailandia hace seis meses. Había trabajado en Bangkok los primeros cuatro y viajado por el resto del país los últimos dos. Venia para la Full Moon Party y decía que ya se estaba terminando su viaje ya que estaba empezando a extrañar y quería volver a México. En la siguiente parada se subieron un francés y dos inglesas, con quienes también intercambiamos unas palabras antes de bajarnos en el centro de Chaweng y empezar a buscar un lugar para quedarnos. Encontramos uno bastante lindo, tiramos las valijas y salimos a dar una vuelta para comer algo y conocer la noche. Esta isla es bastante turística, más de lo que pensábamos, y se pueden encontrar varios lugares para comer y tomar algo. Hay desde lugares bastante chetos hasta ferias donde hay varios puestos de comida local.

A la mañana siguiente alquilamos una moto ya que a pesar de estar cerca de Chaweng Beach, una de las playas más lindas, teníamos ganas de recorrer las playas más recónditas. Era la primera vez que andábamos juntos en moto y cada vez que Max aceleraba a más de 20, Vicky entre el miedo y la desconfianza le gritaba que vaya más despacio. En medio de este tire y afloje llegamos a Silver Beach, una playa lindísima y muy tranquila.

Después de un par de horas decidimos seguir viaje y fuimos a la playa Lamai.

Nos dimos cuenta que alquilar una moto era mucho mejor que un auto, ya que aparte de ser más barato, implica menos papelería y la movilidad y encontrar lugar para estacionar era mucho más simple y rápido. Entre playa y playa visitamos unas formaciones rocosas, las cuales decían que se asemejaban a los miembros sexuales masculino y femenino. Llegamos a estas rocas llamadas Grandpa y Grandma rocks, y aunque divisamos el genital masculino, el femenino jamás apareció.

Habíamos leído sobre un restaurante llamado “The Giant Summit” que estaba en lo alto de la montaña y desde el cual había una vista increíble de la isla. Siendo las cuatro de la tarde, decidimos subirnos a la moto e ir a almorzar ahí. Después de varios kilómetros con curvas y contracurvas llegamos y no nos decepcionó para nada. La vista era realmente increíble, tenían uno de los mejores pad thai de Tailandia y además no era caro. Altamente recomendable!

Volvimos a casa, dejamos la moto y nos fuimos a la cercana Chaweng Beach a correr y hacer ejercicios. Una vez terminada la rutina, nos metimos a nadar al mar a la luz de la luna. Agotados, nos bañamos en el hostel y decidimos que el día no había terminado todavía. Max fue a darse un thai massage mientras Vicky daba vueltas por el centro. Tras una hora de ser cagado a palos, Max salió para encontrarse con Vicky y dar una vuelta y comer algo. A la mañana siguiente fuimos a disfrutar de Chaweng Beach y su arena blanquisima un par de horas hasta tomarnos el ferry hacia Koh Pha Ngan, donde se llevaría a cabo la Full Moon Party.

Llegamos de noche al hostel, justo a tiempo para unirnos a la famosa pool party que se realiza siempre dos noches antes de la Full Moon en este lugar. Al otro día amanecimos tarde y decidimos alquilar una moto para recorrer la isla. Ya más canchera, Vicky aguantaba el grito hasta los 50 kilómetros por hora. Recorrimos varias playas y, a pesar de ser lindas, palidecían en comparación a otras playas que ya habíamos visto, incluso en Tailandia.

Hacia el final del día, cuando habíamos empezado a pegar la vuelta, se levantó un temporal con un viento fuertísimo. El trayecto de regreso fue largo y complicado, ya que la moto se movía bastante con las ráfagas de costado. Por suerte llegamos sanos y salvo y para festejar a la noche nos fuimos a una fiesta en la playa.

A la mañana siguiente volvimos a recorrer la parte de la isla que nos faltaba y regresamos para prepararnos para la Full Moon. Desde temprano se veía movida de gente preparándose para la fiesta. Comprando pinturas fosforescentes para el cuerpo, vestidos a tono las chicas y remeras o musculosas con logos los chicos, baldes y bebidas alcohólicas para rellenarlos todo el mundo. Esta fiesta se hace una vez por mes en luna llena, a la cual llega gente de todo el mundo especialmente para ser parte de semejante descontrol. Un par de pinturas fosforescentes más tarde, encaramos para la playa de Haad Rin donde se llevaría a cabo la fiesta.

Fue llegar a la playa y encontrarnos con una tarima llena de gente y un cartel de fuego de enormes proporciones. La playa era un quilombo, en distintas zonas había distintos estilos de musica, en todos lados circulaban generosamente el alcohol y las drogas y había que mirar al piso para evitar pisar los “muertos” que había por doquier. Algunos más previsores pagaban para poder acostarse en una especie de corral con colchonetas.

La fiesta siguió hasta altas horas de la madrugada, cada vez con menos sobrevivientes.

A la mañana siguiente con solo un par de horas de sueño, nos tomamos el ferry para Ko Tao. Todavía con las pinturas de la noche anterior, nos cruzamos varios más en nuestra misma situación en el puerto. Todavía resacosos, dejamos las valijas en el hostel y salimos a comer algo. Después de comer un insípido arroz con atún de un 7 Eleven, quisimos alquilar una moto. Nos pedían que dejemos nuestros pasaportes que ni siquiera teníamos a mano y en plena calentura decidimos irnos caminando. A los pocos kilómetros nos dimos cuenta que no había sido una buena idea, ya que todo el camino era con subidas y bajadas bastante empinadas. Finalmente llegamos a la playa Aow-Leowk y todo el esfuerzo se vio recompensado con una de las mejores playas que vimos en nuestra vida.

Es una playa ideal para hacer snorkel ya que el agua es completamente transparente y la vida marina es abundante, se ve todo tipo de peces coloridos y hasta es posible encontrar pequeños tiburones. Después de disfrutar de semejante playa, nos dieron ganas de ver que tal estaban el resto. Arrancamos una nueva caminata hacia Tanote Bay, otra playa que resultó increíble. A esta altura ya nos estábamos quedando sin adjetivos nuevos para describir semejantes playas.

De acá decidimos escalar hasta un mirador desde el cual se apreciaba la isla Nang Yuang. El camino a la cima es entre la montaña, en algunas partes ni se nota el camino pero confiamos en maps.me y llegamos sin sobresaltos. Mientras tanto, se había nublado y casi llegando comenzó a lloviznar, por eso no pudimos apreciar tanto la vista.

La vuelta fue menos fácil, ya que la lluvia era más persistente. Esto nos preocupaba, no tanto por mojarnos sino porque al día siguiente teníamos buceo y no queríamos que se pierda visibilidad 20 metros bajo el agua. A la mañana siguiente fuimos a la playa Sai Daeng, una playa encantadora y con muy poca gente a esa hora.

Abandonamos esta playa y nos dirigimos a Freedom Beach, donde nos tiramos a relajarnos en una hamaca paraguaya que encontramos ahí.

Cortamos el descanso porque teníamos que ir a bucear. Nos habían recomendado mucho el buceo de Ko Tao. Tan es así que está catalogado entre los mejores lugares del mundo para bucear. Esto sumado a todos los peces que habíamos visto el primer día nos prometia mucho. Lamentablemente, una vez embarcados y llegados al punto de inmersión, empezó a llover nuevamente. Entre la tormenta del día anterior y esta, la visibilidad se vio bastante disminuida. Igual lo disfrutamos, pero lejos de estar a la altura de la descripción y las expectativas que nos habíamos generado.

El barco había parado cerca de la isla Nang Yuang y decidimos aprovechar e ir a visitarla. Esta isla es lo más típico y conocido de Ko Tao, donde todo el mundo se saca la foto donde se ven los tres islotes conectados por un banco de arena. Saltamos entonces del barco y comenzamos a nadar. En pleno nado nos dimos cuenta que era mucho más lejos de lo que parecía, pero ya no había vuelta atrás. Llegamos finalmente y nos sacamos la famosa foto.

Por la tormenta y ser sacada con una GoPro, la foto no refleja fielmente la belleza del lugar pero quien sienta picada su curiosidad no deje de goooglear fotos de semejante lugar. Volvimos a zambullirnos en el mar y cruzar a nado hasta el barco para volver a Ko Tao. La empresa con la cual buceamos es manejada por un par de argentinos y chilenos, y cada tanto hacen asados. Desesperado por un asado después de 3 meses sin disfrutar ninguno, Max se anotó de cabeza para la noche. El combo se completó cuando llegamos y vendían fernet.

El último día amanecimos y fuimos a Saire Beach, la playa principal de la isla. El tiempo seguía feo y con lluvia, asique solo caminamos por la playa.

En Ko Tao no llueve casi nunca, pero a nosotros nos habían tocado tres días casi ininterrumpidos de lluvia. A pesar de ello fue lo que más nos gustó de Tailandia. Mucha gente nos hablaba de varios lugares de este país, pero muy pocos nos habían mencionado esta isla. Nos parece un lugar altamente recomendable y que hay que tener en cuenta si van a visitar Tailandia.

A la tarde arrancamos la peripecia para llegar a Nepal. Un ferry, un bondi y un avión más tarde, aterrizamos en Kathmandu.

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