Las valijas no habían venido con nosotros sino que las habían enviado directo desde el hotel de Chau Doc. Como habíamos subido al barco en medio de la nada, no pudimos confirmar si estaba todo o no. Detalle no menor ya que allí estaban nuestros pasaportes y tarjetas. Como el tour había sido muy bien manejado, decidimos confiar aunque no estábamos 100% seguros. Al llegar a la frontera (en medio del río) tuvimos que bajar para hacer migraciones. Aprovechamos para revisar y para nuestro alivio estaba todo. Los españoles estaban con el mismo tema y mientras esperábamos para terminar la burocracia migratoria, esto sirvió como catalizador de la charla. Así nos comentaron que la crisis en España estaba dura, que los alquileres estaban imposibles y que varias personas debían resignarse a que les recorten el sueldo antes que quedarse sin trabajo. A pesar que decían que era la peor crisis que habían vivido en sus 35 años de vida, reconocían que allí la crisis se vivía diferente que en otros países tal vez más pobres.

Llegamos a Phnom Phem y como en Camboya solo estaríamos tres días, decidimos sacar un bus nocturno para esa misma noche para maximizar el tiempo disponible. Sacamos los pasajes y con nuestros nuevos amigos españoles decidimos compartir un tuk-tuk para visitar Choeung Ek, comúnmente conocido como Killing Fields. Entre 1975 y 1979 gobernó el dictador Pol Pot, que intento implantar un régimen comunista en Kampuchea Democrática (así renombró a Camboya). Buscaba la creación de un socialismo agrario y para ello aplicó la ruralización forzada de los habitantes de las ciudades. En el proceso, exterminó a los intelectuales y otros “enemigos burgueses”. De esta forma asesino a aproximadamente un cuarto de la población camboyana (entre 2 y 3 millones de muertos), parte como acción directa en los diversos Killing Fields y parte por desnutrición ya que sumió a Camboya en una miseria increíble, prácticamente devolvió el país a la Edad Media. Esto sumado a los bombardeos que había sufrido Camboya por parte de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam, los dejo en una condición desoladora.

Este lugar nos impresionó enormemente. Max tenía una idea general de lo que había sido el régimen de Pol Pot y Vicky lo desconocía, pero ninguno de los dos estaba preparado para lo que vieron. A lo largo del predio, iban recorriendo los puntos conmemorativos acompañados de la explicación de la audio guía. En la misma contaban hechos y datos duros, pero también historias de vida de los sobrevivientes que habían visto a toda su familia asesinada injustamente por este régimen. Varios comentaban que seguían adelante con su vida, pero que nunca volvieron a ser felices.

En este lugar había fosas comunes, algunas de las cuales todavía no habían sido descubiertas. Incluso hoy en día con el viento y la lluvia cada tanto siguen apareciendo en la superficie restos humanos que los cuidadores juntan y guardan en cofres. En el mismo lugar se encuentra el árbol de los niños, donde mataban a los pequeños bebés golpeándoles la cabeza contra su tronco. Esto lo hacían con la justificación de que si los dejaban vivir podrían crecer y buscar venganza en el futuro. En otro árbol se encontraba un gran altavoz. Desde allí se proyectaba una música a todo volumen, para tapar los desgarradores gritos de la gente asesinada y evitar que el resto supiera que sucedía allí. El asesinato aquí no era algo rápido y misericordioso, ya que no utilizaban armas de fuego sino herramientas de agricultura como palas, cuchillos, hachas y cañas de bamboo afiladas. Toda esta gente era traída aquí en camiones, de donde bajaban cientos de prisioneros cada vez.

El final del recorrido estaba indicado por una gran estupa, donde se encuentran alrededor de 5000 cráneos de la gente que fue asesinada aquí. Los cráneos están visibles tras un vidrio y con una marca de color para indicar la edad y el sexo del muerto. Este tétrico monumento está para recordar y concientizar a la gente, para que entendamos que aún hoy es posible que sucedan actos como estos y que no debemos bajar nuestra guardia para evitarlo.

Dejamos este lugar con el ánimo apesumbrado. Decidimos ir al museo Tuol Sleng para entender y conocer un poco más. Los españoles habían quedado muy bajoneados y decidieron que era suficiente por un día, así que nos dejaron a la pasada y siguieron camino para visitar el Palacio Real. El museo era un colegio que durante los años de la masacre había sido transformado en una cárcel. A diferencia de Choeung Ek que estaba a unos 14 kilómetros en las afueras de la ciudad, este edificio estaba en pleno centro. Este centro de detención llevaba en su momento un registro de todos los presos con fotos de los mismos. Muchos de ellos eran torturados aquí antes de ser enviados a Choeung Ek. Cuando el régimen cayó, los sobrevivientes entraron y debieron buscar entre las fotos para encontrar a sus seres queridos. Aún hoy hay fotos de prisioneros sin identificar, tal vez porque ningún familiar sobrevivió. Allí también se encuentran los grilletes que aprisionaban las piernas de los detenidos y diferentes fotos y pinturas sobre los metodos de tortura. El trayecto aquí era explicado por la audio guía, que incluía historias desgarradoras de gente que había sido prisionera aquí.

Desde el punto de vista administrativo este lugar estaba muy bien manejado, tan es así que solo hubo 15 sobrevivientes. El encargado era Kang Guek Eav, mejor conocido como Duch. Entre 14 y 16 mil personas pasaron por este centro de detención. Aquí, eran torturados hasta que sin poder soportar más el dolor, inventaban las confesiones que sus captores querían escuchar (que eran espías de la CIA o el FBI por ejemplo) y denunciaban a otros “traidores”. Todas estas confesiones estaban cuidadosamente archivadas con una foto del “sospechoso”. Duch vivía en la cárcel S-21 con su mujer e hijos. Cuando cayó el régimen, huyó a Tailandia, no sin antes dejar dada la orden de ejecutar a todos los prisioneros y quemar las evidencias. Vivió en libertad y volvió a enseñar (antes de ser Duch había sido profesor de matemáticas). Los estudiantes lo apreciaban, querían estudiar con el. Tiempo después de convertirse al cristianismo evangélico, se arrepintió de sus crímenes y confesó su culpabilidad en 1999. Fue arrestado sin juicio y en 2007 finalmente condenado a cadena perpetua.

Terminamos el recorrido no ya apesumbrados, sino con el ánimo por el piso. Al pensar que el régimen de Pol Pot había liquidado a uno de cada cuatro camboyanos y que la mayoría era la gente instruida, entendimos mejor la realidad de este país. No solo había destruido la infraestructura, las instituciones, la moral y las ilusiones de los camboyanos, sino que había matado a los más preparados para poder llevar a cabo una reconstrucción del país (el 70% de la población es menor a 30 años). De todo esto nos daríamos cuenta al ver tanta pobreza, tanto de la gente como de infraestructura a nivel país. Arrancan de tan abajo que la reconstrucción del mismo les llevará varias generaciones.

Ante la invasión vietnamita en 1979, Pol Pot escapó a la selva, con el reconocimiento de la ONU hasta 1997 como los legítimos gobernantes. Durante ese tiempo vivió tranquilo y disfrutando de sus nietos. Fue arrestado por sus antiguos camaradas y en 1998 murio bajo arresto domiciliario. Algunas versiones dicen que de un ataque al corazón y otras dicen que se suicidó.

Después de esta trompada al mentón, recorrimos la ciudad, el Palacio Real y las plazas donde se juntaba mucha gente de noche.

Nos tomamos el might bus y nos sorprendió porque era mucho mejor que los de Vietnam. No era un asiento reclinado, sino que era una cama completamente.

Llegamos a Siem Reap y salimos a recorrer la ciudad. Dando vueltas llegamos al Wat Phomcheck Phomchom.

Aquí no solo hay un templo, sino también viviendas donde tienen su morada varios monjes budistas y un colegio donde enseñan varios idiomas al cual van los monjes y también gente de la ciudad. Ahí nos pusimos a hablar con un monje que salia de su casa e iba camino a clase. Nos contó que estaba aprendiendo inglés y un poco de cómo era su vida y la de la congregacion.

Dejamos este lugar atrás y enfilamos hacia el Wat Preah Prom Rath, un templo de 1915 sobre el cual habíamos leído comentarios elogiosos. Estaba bastante derruido y no tan bien cuidado como el anterior. Pero se veía mucho trabajo de arreglos en proceso y lo interesante era que eran los mismos monjes quienes se encargaban de los diversos trabajos de carpintería y construcción.

Al mediodía decidimos alquilar un par de bicis con la idea de recorrer la ciudad esa tarde y utilizarlas también al día siguiente para recorrer Angkor Wat. Nos dirigimos entonces hacia las afueras de la ciudad, con dirección a un enorme lago que aparecía en maps.me. Hicimos kilómetros y kilómetros y cuando finalmente llegamos, el lago estaba sequisimo. Avanzamos un poco más por las dudas, pero el resultado fue igual de decepcionante. El calor ya apretaba considerablemente, por lo cual paramos a comprar agua en un pequeño almacén que había en la ruta. Mientras nos refrescabamos, nos quedamos charlando con los dueños, que tenían su vivienda en los cuartos adyacentes al almacén. Nos confirmaron que el lago en esa época estaba seco pero que en épocas de lluvia cambiaba la cosa. Nos divertimos un rato con el pequeño bebé que daba vueltas lleno de curiosidad alrededor nuestro y al rato emprendimos la vuelta.

Queríamos ver el atardecer en Angkor Wat. Después de las 5 de la tarde la entrada al complejo es gratis si compras la entrada para el día siguiente. Se nos había hecho tarde y teníamos miedo de perdernos el atardecer, así que hicimos los 5.5 kilómetros hasta los templos a toda velocidad, incluso sobrepasando varios tuk-tuks motorizados. Llegamos al templo Phnom Bakheng, en teoría uno de los mejores lugares desde el cual ver el atardecer. Atamos las bicis y subimos corriendo todo el camino con la esperanza de llegar a tiempo. Agotados dimos la vuelta en el último recodo para darnos de frente contra una cola de más de una cuadra que había tenido la misma idea que nosotros. Descorazonados, casi pegamos media vuelta pero al final decidimos quedarnos. Mientras esperábamos mirando continuamente al horizonte, la cola empezó a avanzar. Habíamos llegado! Subimos las escaleras preparándonos para ver el atardecer, pero el destino tenía otros planes. Unas nubes bajas nos ocultaban el sol.

Cansados y a oscuras, arrancamos el regreso a la ciudad, donde fuimos a comer algo a la Pub Street, una callecita llena de restaurantes y pubs con mucho movimiento.

Amanecimos 4.30 am, ya que como íbamos en bici necesitábamos más tiempo para llegar. La idea era ver el amanecer en el templo Angkor Wat, el principal y el cual da el nombre al complejo. Esta vez, despues de pedalear como locos, nos vimos recompensados por un amanecer espectacular.

El complejo de Angkor Wat tiene muchísimos templos y tiene dos circuitos, el chico y el grande. El chico consiste de los templos principales: Angkor Wat, Bayón, Angkor Thom, Ta-Keo, Ta-Prohm y Banteay Kdie. El grande incluye además otros templos menos relevantes pero muy interesantes y pintorescos también.

Este complejo era la antigua capital del Imperio jemer entre los siglos IX y XV. El templo Angkor Wat es considerado la mayor estructura religiosa jamás construida y uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo. Los primeros templos fueron construidos siguiendo la religión hinduista, pero sucesivos Reyes los adaptaron y reformaron para diferentes ramas del budismo y otra vez el hinduismo, por lo cual hay una mezcla interesante. En 1594 el Imperio camboyano fue conquistado y Angkor fue abandonado. La selva se encargó de sepultar el complejo entre su vegetación y a pesar que hubo occidentales que llegaron allí en distintas épocas, no fue hasta 1860 que el complejo recobró su fama y empezó a recibir cada vez más visitas.

Arrancamos la recorrida por el circuito chico y después continuamos por el grande. En el mapa las distancias entre los templos no parecían gran cosa, pero a medida que íbamos recorriendo el complejo nos íbamos dando cuenta de su inmensidad. A pesar de ser varios templos, cada uno tiene su particularidad que les da su toque especial. Uno tiene caras talladas en la piedra por todos lados, otro tiene árboles creciendo entre la construcción (en donde se grabó la película de Tomb Raider), otro elefantes, otros escaleras eternas y varios más.

Esperábamos ver mucha más gente haciendo el recorrido en bici como nosotros, pero resultó que la gente no es tan inconsciente. Vimos alguna que otra bici en el circuito chico y ninguna en el grande. Con más de 40 grados de sensación térmica, no era de extrañar. Después de 12 horas de recorrido y más de 10 litros de agua consumidos, decidimos pegar la vuelta.

A la noche salimos a tomar algo por la Pub Street otra vez y al día siguiente dejamos Siem Reap en un vuelo con destino a Bangkok.

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