Llegamos alrededor de las cuatro de la mañana al hostel y estaba todo cerrado. Tocamos timbre y cuando nos abren empieza a salir agua a rolete. Se estaba inundando la planta baja! Gracias a que llegamos a esa hora y despertamos a la chica que estaba en ese turno, pudieron controlar el tema antes que sea mucho más grave. Por suerte en medio del quilombo, recibimos un cuarto a pesar que faltaban horas para el check-in. Aprovechamos y nos tiramos un rato a dormir antes de salir a recorrer Hanoi. Apenas salimos a la calle, fuimos recibidos por un concierto de bocinazos y escapes de motos. Si hay algo que uno aprende en Vietnam es la relatividad de las leyes de tránsito. Los semáforos y las sendas peatonales parecieran no aplicar para las motos. La única regla para cruzar la calle es caminar siempre al mismo ritmo, mirando para adelante y esperar que las infinitas motos nos esquiven. Al principio sirve acoplarse a algún local que este cruzando y seguirle el ritmo, pero con el tiempo ya nos tirábamos solos a enfrentar el maremoto motoquero. Un caso que nos quedó grabado fue una viejita de alrededor de 85 años cruzando con su bastón a dos por hora, levantando su mano derecha en señal de detener el tráfico y miles de motos esquivándola por centímetros. Después de varios angustiosos minutos, llegó sana y salva al otro lado de la calle y siguió su camino como si nada.

Arrancamos el día yendo al templo de la literatura, un templo dedicado a Confucio construido en el año 1070 y que fue la primer universidad de Vietnam. Solo 2313 estudiantes pudieron obtener la mejor nota en esta complicada universidad y por ello sus nombres están esculpidos en 116 losetas de piedra.

Desde ahí proseguimos hacia el mausoleo de Ho Chi Minh, donde se encuentra su cuerpo embalsamado (a pesar que el había pedido ser cremado ya que era más higiénico y no se desperdiciaba lugar que podía ser utilizado para la agricultura). Este héroe vietnamita tiene estatuas y monumentos por doquier.

En esta misma zona también está el museo de Ho Chi Minh y varias pagodas donde la gente entraba a realizar un breve rezo. Por las inmediaciones estaba lleno de militares que constantemente chistaban a la gente para que no se desvíen del camino demarcado y varias tiendas que vendían memorabilia del héroe vietnamita por antonomasia.

En Vietnam, al igual que en la mayoría de los países asiáticos que visitamos, es muy llamativo como la vida transcurre constantemente en las calles. Siempre se ve gente comiendo o tomando en banquitos en las veredas, múltiples vendedores ambulantes y hasta peluquerías.

Dimos una vuelta por el botánico, donde se encontraba la casa de, otra vez, Ho Chi Minh. Tanto en este parque como en otros lugares que visitamos, había un precio para locales y otro (más alto) para turistas.

Más tarde visitamos la catedral de San José. Max entro a dar una vuelta mientras Vicky esperaba afuera ya que una parroquiana no la dejo entrar debido a su vestimenta, demasiado sugerente para su pacato gusto.

En camino al hostel volvimos a pasar por el parque Hoan Kiem, que tanto nos había gustado antes. Aquí nos vimos abordados por un grupo de adolescentes que buscaban turistas para practicar su inglés. Nos invitaron a tomar un café y a charlar. Como no teníamos mucho tiempo, les ofrecimos charlar mientras dábamos una vuelta por el parque. De esa forma podríamos seguir recorriendo y ellos se ahorrarían el café. Insistieron con ir a una cafetería y ante nuestra negativa decidieron salir en búsqueda de alguien más. Más tarde leímos que era usual que se aprovechen de turistas con esta excusa y los terminen llevando a una cafetería cara donde el turista debía después pagar la cuenta. Este tipo y varios más de estafas son muy comunes desde los vietnamitas hacia los ingenuos turistas. Continuamente buscan la forma de aprovecharse ya sea con trampas o vendiendo algo y después uno se encuentra con que no es lo que habían prometido y ya no hay vuelta atrás, como podía suceder con los viajes en colectivo. Por suerte estábamos prevenidos y con asegurarnos de estar atentos en todo momento logramos evitar pasar malos momentos. Estos chicos no tenían pinta de querer embaucarnos, pero no dejo de sorprendernos que insistieran con el café en vez de caminar con nosotros. En el momento supusimos que tal vez tenían seteado el chip del ejercicio de esa forma y no estaban preparados para cambiar el formato. O tal vez tuvimos la suerte de esquivar la estafa, quien sabe.

Llegamos al hostel, nos bañamos y salimos a dar una vuelta por el Old Quarter. Aquí, como mencionamos anteriormente, la gente camina entre miles de mesitas y banquitos diminutos en las veredas. Todos los bolichitos están vacíos adentro y llenos afuera.

Nos sorprendió la cantidad de turistas de todos los países que nos cruzamos en esta zona. Vietnam esta mucho mas turística de lo que nos esperábamos. Encontramos un barcito donde quedaba lugar en la calle y nos sentamos a comer algo y tomar una cervecita local.

Mientras comíamos, en un momento empezamos a ver un comportamiento raro y al instante vino el mozo corriendo a pedirnos que nos sentáramos adentro. Extrañados, agarramos nuestros platos y entramos mientras el metía las sillitas. Cuando se tranquilizo, le preguntamos que había pasado y nos dijo que era por la policía, que los multaban (o coimeaban) por tener mesitas al aire libre sin permiso. Después nos daríamos cuenta que era moneda corriente, ya que durante la noche esto nos sucedería un par de veces más.

Una forma de diversión que causa furor entre los vietnamitas es el karaoke. Decididos a ver qué era lo que lo hacía tan atractivo, le preguntamos al mozo donde había uno medio cerca. Nos marco en el maps.me una zona de karaokes cercana, aunque no con mucho convencimiento. Arrancamos a caminar y a los 20 minutos nos dimos cuenta que estábamos en una zona no muy linda. Estaba oscuro, los edificios eran más precarios, no había ni un solo turista y la gente en la calle nos miraba como bichos raros. La oscuridad era cada vez mayor y dudamos entre seguir o volver. Decidimos seguir mientras comentábamos que en nuestros paises jamás hubiésemos continuado, dando pie a la reflexión de si a veces tenemos demasiados prejuicios o si el turista se interna en estas zonas por desconocimiento o inconsciencia. Finalmente llegamos a la zona de karaokes, dónde había uno al lado del otro. Al entrar al que menos peor pinta tenía, una vietnamita se levantó de la vereda a los gritos diciéndonos que no podíamos entrar. Al parecer no se aceptaban turistas. Se ve que el karaoke es tema serio (o tal vez ya conocían nuestros atributos musicales?) En cualquier caso, nos encontramos rechazados y encaramos la vuelta a la zona turística, por suerte sin mayores contratiempos.

Al otro día salíamos temprano para Hoi-An, por lo cual Vicky decidió salir a correr más temprano aún. A pesar de leer que la vida diaria arranca bien temprano, grande fue su sorpresa al ver tanta gente haciendo ejercicio a las 5 de la mañana!

Nos tomamos un avión a Da Nang y de ahí una combi a Hoi-An. Esta es una ciudad muy linda, pero completamente preparada para el turismo. A diferencia del resto de Vietnam, e incluso del resto de Asia, donde el wifi funciona poco y mal, acá había wifi gratis y de alta velocidad en toda la zona turística de la ciudad. Lo único que hay para hacer es compras en las miles de tiendas o parar a comer algo en los miles de simpáticos restaurantes. Llegamos al homestay que habíamos contactado por Facebook la noche anterior y nos llevamos una grata sorpresa al ver que era mucho más lindo de lo que esperábamos. Nos instalamos y salimos a dar una vuelta.

A medida que se cernia la noche sobre la ciudad, la misma sufría una transformación visual. Poco a poco se iban prendiendo miles de luces, lámparas y lamparitas, generando una particular magia que hoy en día ya es una marca registrada de Hoi-An.

A la mañana siguiente alquilamos dos bicis y salimos a recorrer las afueras de la ciudad, donde pasamos por las playas y los arrozales. Las playas no eran nada del otro mundo, pero mientras andábamos nos encontramos con los pescadores y su llamativo barco circular que utilizan para pescar.

Dejamos la playa y volvimos al centro por un camino rodeado de verdes arrozales. Una vez en el centro, salimos a dar una vuelta. Aquí en Hoi-An esta lleno de sastrerías donde la gente se manda a hacer vestidos y trajes a medida por precios irrisorios. Mientras Vicky realizaba algunas “compritas”, Max se dirigió a una canchita de fútbol 5, donde con unos amigos se enfrentaron a un combinado vietnamita, propinándoles una histórica goleada. El hecho de que el combinado vietnamita tuviera un promedio de 15 años de edad no le resta mérito a la goleada, che.

Luego de una estadía muy descansada, al otro día a la tarde nos tomamos un eterno sleeping bus hacia Ho Chi Minh.

Advertisements