Arribamos a la mañana temprano, en un día lluvioso, húmedo y triste. No sabíamos que este sería el clima durante toda nuestra estadía, lo que puede haber afectado nuestra percepción de este destino.

Llegamos al hostel y lo que vimos estaba lejos de lo que podíamos haber llegado a esperar. Era un edificio enorme, con una galería bastante turbia en planta baja y en la cual siempre teníamos que hacer cola esperando el ascensor para subir hasta el piso 16 y después subir por escalera hasta el 17, donde nos recibía un cuarto de proporciones minúsculas.

Hong Kong esta conformado por tres grandes islas (nosotros estábamos en Kowloon), todas increíblemente conectadas entre sí por el subte. Desde 1841 hasta 1997 fue colonia del Reino Unido, es por ello que el inglés es hablado fluidamente por la mayoría de la gente. Hoy en día es una región administrativa especial de China. Bajo el sistema “un país, dos sistemas”, tienen su propio poder ejecutivo, legislativo y judicial, su propio sistema monetario, su propia aduana y su propia fuerza de seguridad pública. China se encarga de la defensa militar y de la política exterior.

A pesar de tener una tasa de fertilidad de 0.94 hijos por mujer (muy lejos de los 2.1 que se requieren para mantener el nivel de la población), debido a la gran inmigración que hay la población continúa creciendo sobrepasando actualmente los siete millones de habitantes. A pesar de esta alta densidad poblacional, es una de las ciudades con más espacios verdes de Asia. La mayor parte del territorio consiste en parques y bosques, y en las zonas urbanizadas predominan los edificios altos con muchos departamentos donde se concentran los habitantes de esta ciudad.

Hong Kong es un lugar ideal para comprar tecnología ya que tiene precios bastante accesibles. El único problema para el turista es que es medio difícil distinguir entre lo original y lo trucho. Existen miles de tiendas que venden tecnología de dudosa calidad, mezcladas entre tiendas más confiables. Dimos una vuelta por el llamado “mercado tecnológico”, un mercado callejero que vendía accesorios y chucherías tecnológicas baratas y divertidas aparte de teléfonos usados.

La persistente lluvia que nos acompañó durante el recorrido nos termino cansando aparte de mojarnos y decidimos volver a la caja de zapatos que llamábamos hostel para dormir una siesta. Al despertarnos era ya de noche y decidimos salir a dar una vuelta por las cercanías. A pesar que no era tan tarde, la calle estaba desolada y todos los locales cerrados.

Al día siguiente al despertarnos vimos que seguía lloviendo, pero igual insistimos y decidimos ir a visitar el Big Buddha. Nos tomamos un subte que conectaba con la isla de Lantau y una vez ahí nos subimos a un bondi que nos llevaría hasta el Buddha, una de las estatuas de bronce más grande del mundo. En el trayecto confirmamos lo de los espacios verdes, ya que el camino estaba rodeado de un frondoso bosque. Finalmente, tras subir 268 escalones nos encontramos de frente con la deidad. El Buddha era enorme, pero la visibilidad malísima.

Volvimos a la zona de la bahía para ver el show de las luces, del cual habíamos escuchado puros elogios. Lamentablemente el clima seguía sin ayudar, y entre la lluvia y la niebla no fue mucho lo que pudimos ver. Sumado a que el que habíamos visto en Singapur había dejado la vara muy alta, nos terminamos yendo medio decepcionados.

A la mañana siguiente, a pesar que seguía lloviendo, Vicky se fue a correr al “Kowloon Park”, encastrado en plena zona céntrica. Este parque tiene un lago, una pileta, cisnes y hasta una jaula de aves aparte de mucho verde donde muchísima gente se juntaba a hacer ejercicio e incluso yoga.

Cerca de ahí se encuentra el paseo de las estrellas. Un paseo sembrado de estatuas de famosos asiáticos, como Jackie Chan o Bruce Lee además de unos dibujitos desconocidos para nosotros.

Después de eso cruzamos a la tercer isla, Hong Kong. Aquí se encuentra el centro financiero con muchísimos bancos. Arrancamos por la zona menos comercial, donde vimos algunos mercaditos típicamente locales y caminamos por la costanera.

De ahí finalmente encaramos hacia el sector financiero, donde los edificios parecían hoteles de lujo. Se nota claramente que es un centro financiero mundial. Entramos en algunos para ver cómo eran por dentro y para refrescarnos con el aire acondicionado, ya que afuera hacia un calor pegajoso.

Cerca de esta zona nos encontramos con casas de ropa y joyerías de lujo, con precios prohibitivos. Jodíamos con que estaban ubicadas estratégicamente para que las mujeres de los jeques y empresarios rusos vayan de compras mientras ellos hacían sus negocios en los bancos (aunque con la plata malhabida que pasa por este centro financiero no debe estar tan lejos de la realidad este chiste).

Dejamos todo este lujo detrás y continuamos en dirección al “Victoria Park”. Este espacio verde en medio de la isla, aparte de ser un oasis verde entre tanto cemento, tenía una pista para correr, canchas de basquet y hockey, pileta y hasta canchas de tenis. Encantados con este parque, nos quedamos un rato recorriendo las instalaciones y disfrutando la vegetación.

En esta isla también se encuentra el “Victoria Peak”, desde el cual teóricamente se puede apreciar una increíble vista panorámica de Hong Kong. Desafortunadamente, durante toda nuestra estadía no paro de llover y, junto a la humedad y a la niebla, no se veía a más de un par de metros a la redonda por lo cual no pudimos apreciar dicha vista.

Nos tomamos el subte de vuelta al hostel y arrancamos hacia el aeropuerto. Dejábamos Hong Kong con sentimientos encontrados. Por un lado no veíamos la hora de irnos ya que no había parado de llover en ningún momento, imposibilitandonos algunos paseos y complicando otros. Por otro lado, sabíamos que nos estábamos yendo con un panorama incompleto y probablemente erróneo por esta misma razón.

Finalmente nos tomamos el avión a Filipinas. Íbamos con el ánimo en alza ya que nos esperaban un par de días de playa y de sol.

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