Llegamos a Shanghai, nos tomamos el subte desde el aeropuerto y de vuelta tuvimos problemas para encontrar el hostel. Por suerte esta vez fue más rápido que en Beijing, hicimos el check-in y nos fuimos a dar una vuelta por la zona del río. Llegamos justo cerca del atardecer, cuando comenzaban a encenderse todas las luces.

Después de recorrer toda la rambla, encontramos por internet un bar con rooftop desde donde había una vista espectacular bajo el nombre de “The House of Roosevelt”. Al llegar ahí, vimos que era un lujoso edificio con restaurante, una bodega, un club de élite exclusivo para miembros y algunas cosas más en sus diversos pisos. El bar estaba en la terraza y al mismo iban famosos y la flor y nata de Shanghai. Nosotros estábamos un poco reos (siendo generosos) después de un día de viaje y extensa caminata, asíque nos mandamos esperando que nos rajen en cualquier momento. Tratando de pasar desapercibidos, llegamos al último piso y entramos al bar. Miramos el menú para disimular, nos espantamos con los precios y disimuladamente nos mandamos al segundo piso del bar, desde donde pudimos ver esta lindisima zona desde arriba.

Desde ahí volvimos caminando hasta el hostel por la Nanjing Road, llena de luces y locales de todo tipo.

Llegamos agotados derecho a dormir. Nos levantamos temprano y salimos a correr por la vera del río. Ahí vimos algo que se repetiría en los siguientes días. Un grupito de siete u ocho personas, con una radio con música china haciendo ejercicio y bailando en el medio de la vereda.

A la vuelta de la corrida, llegamos y nos encontramos con un desayuno impresentable. Sopa, unas papas calientes con no sé que menjunje y el café que lo cobraban aparte. Zafamos el trance con unas naranjas que había y seguimos nuestro día. Fuimos al templo del Buddha de Jade, que no era tan impresionante como esperábamos. Así como en Europa no paras de visitar iglesias, en Asia no paras de ver representaciones de Buddha (y en este viaje vimos varias muy llamativas). De ahí arrancamos a caminar hacia el “People’s Park” con la idea de hacer un picnic para almorzar. En el trayecto fuimos pasando por el Shanghai menos turístico, donde los locales realizaban sus compras de verduras, frutas, pescado fresco, etc.

Después del picnic nos dormimos una siesta tirados en el pasto bajo un acogedor sol. Nos despertamos un rato más tarde y decidimos ir a la “People’s Square”. En esta plaza los sábados hay un mercado de solteros. Acá, los padres preparan una especie de currículum de sus hijos e hijas con aquellas características que consideren positivas y relevantes para conseguir matrimonio, y si se ponen de acuerdo con los padres del otro lado organizan una reunión entre sus hijos. Lamentablemente llegamos en día de semana por lo que no tuvimos la suerte de presenciar este peculiar mercado, pero aprovechamos para recorrer esta muy linda plaza y su fuente que tenía un show de música y aguas danzantes.

Desde acá fuimos al centro financiero, para el cual debíamos tomarnos un ferry que cruzaba el río, recorrido que hacen todos los días los que van a trabajar a dicha zona. Recorrimos toda esta parte, fuerte y bellamente iluminada y decidimos volver temprano ya que al otro día debíamos madrugar para llegar a Hong Kong.

Nos habían advertido que no nos iba a gustar China porque los chinos eran mugrientos y maleducados. Si bien es cierto que van escupiendo constantemente por la calle y que se cuelan siempre en todos lados, la verdad es que este país (a pesar de solo haber conocido una porción ínfima del mismo) nos encanto. Nos llamó la atención el contraste entre la economía capitalista y la política comunista, toda la historia milenaria que hay detrás de este país y su civilización y el enfoque tan distinto al nuestro que tienen ante la vida.

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